Facebook Dating o Tinder es para gente llena de miedos y prejuicios de sí mismo

Hace algunas décadas, las parejas se conocían generalmente en un lugar donde se escuchaba música. En la época de mis padres, las mujeres  se sentaban alrededor de la pista y eran observadas por los futuros candidatos al baile. Era el varón que tomaba la iniciativa haciendo contacto visual con la fémina que aceptaba o no aquella mirada cómplice. Si ella daba el sí con sus ojos, entonces ambos se encontrarían al centro de la pista, donde comenzaría el contacto físico de la danza, solo cuando escuchasen los primeros acordes. Más tarde en el tiempo, los machos debían seducir a las hembras acércandose necesariamente a ellas. Invitándolas, seduciéndolas, conquistándolas, con mucho respeto y cariño. Muchas parejas se forjaron de esta forma.

Vencer el miedo al rechazo no solo en la pista, sino al golpear la puerta de la casa de los futuros suegros o en el “hola, quién es?”, del único teléfono de discos de la casa, elevaba la autoconfianza de ambos géneros. Ya por este tiempo, hay más gente que utiliza internet para conocerse, por sobretodo facebook, con los debidos riesgos que ello conlleva y con muchas pérdidas en el cimiento de la personalidad del individuo. Pero esto, sigue avanzando, o retrocediendo diría yo. Hace unos poco años apareció Tinder y hoy lo hace Facebook Dating (Citas), para que las personas puedan tener encuentros sexuales, incluyendo la interacción homosexual, en el caso de este último. Es una manera de haraganear los pasos previos de una primera cita con un semejante. De ir directo al grano, de transformar un acto tan naturalmente humano y hermoso como hacer el amor, en un simple ejercicio fisiológico, frío, hueco.

Pero, eso no sería nada si no tuviera consecuencias negativas, pero lamentablemente, este tipo de “novedades”, las tiene y muchas. El grooming es una de ellas; esos adultos  pervertidos que intentan seducir a jovencitas ingenuas que carecen del cuidado de sus padres. Aprovechadores, estafadores, violadores que utilizan el falso encanto que proveen las redes sociales, para engatusar a más de uno. El aumento de la microinfidelidad entre parejas estables y como ya lo ha demostrado la ciencia a través de estudios con usuarios de Tinder, la adicción que este tipo de aplicaciones provocan, ya que una notificación para un encuentro casual secreta dopamina suficiente para incluso generar una modificación neuronal. Y esa recompensa química, también provoca mucha ansiedad (del latín anxietas = aflicción), cuando las notificaciones no llegan. 

Pero a eso hay que sumarle la incapacidad de hablar, de conectar, de seducir o de conquistar cara a cara con otro ser humano.  Un hombre que no se anima, no osa, no se atreve a acercarse a una mujer para invitarla a bailar, a una copa o simplemente a conversar, tiene una baja percepción de su aspecto físico e indudablemente de su autoconfianza. Si de igual forma, vos mujer tenés ganas de tener un encuentro sexual con alguien con el amor propio por el suelo, ya es decisión tuya. Por otra parte, una mujer poco segura de sí misma, que acepta ser alguien que no es a través de una aplicación, donde puede filtrar y retocar su imagen las veces que quiera, pretende encontrar a alguien que le haga sentir bella, querida, placentera, es un mal partido para pasar una noche. 

Por último, aunque para algunos el objetivo es facilitar el sexo rápido y sin compromiso, la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega ya demostró que ninguna de estas aplicaciones te brindará más oportunidades de encuentros sexuales que en el bar de la esquina.

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