América entendió mal su etimología

“…NO SERÁ PARA SIEMPRE. DEPENDEMOS DE UNA GRAN CRISIS. UNA CRISIS QUE NOS MUESTRE COMO SE HACE PARA QUE VOLVAMOS A ENCONTRARNOS. PARA QUE VOLVAMOS A CONVERSAR. PARA VOLVER A ADMIRARNOS. UNA VERDADERA CRISIS DE IDENTIDAD Y DE VERGÜENZA, QUE NOS EMPUJE AL ARREPENTIMIENTO, AL PERDÓN Y A LA COMPASIÓN” 

El nombre América proviene del germánico Amal que significa “trabajo” y de la partícula rik que quiere decir “jefe”. América también proviene de un gótico que significa “casa”. El nombre de nuestro continente es literalmente, “poderosa en el trabajo” o “la que manda en casa”. Pero América, …no entendió bien este mensaje.

En la tierra guaraní, un chico menor de edad que critica groseramente a su padre por las redes sociales. Una familia que se avergüenza por su hija senadora y lo vocifera a los cuatros vientos a través de un comunicado público. Algunos líderes políticos, empresariales y periodísticos incitan a la población a la violencia; un presidente que no aclara su “enmendada” jugada de ajedrez y maneja su estrategia por el carril equivocado con los ojos vendados y una sordera escandalosa. Los que se hacen llamar “periodistas urbanos” que se creen con el derecho a filmar y contarlo todo por cualquier canal (como si alguien les diera permiso); los que incendiaron el Parlamento (un patrimonio de la Nación que va mucho más allá de este gobierno, de los anteriores y de los que vendrán). Una bala que cegó innecesariamente una vida. Una parte de la población que no entiende, pero que por las dudas, demoniza la reelección.

En el gran Ecuador, ambos candidatos presidenciales, basándose solamente en encuestas que se realizaron a boca de urna, salieron a proclamarse ganadores antes de que cerraran los comicios. ¡Qué papelón! Luego del triunfo de uno de ellos, el otro amenazó a impugnar el acto eleccionario. En Venezuela, una dictadura a voces da tumbos en manos de quien “no sabe, no debe, no responde”, ostentar nunca un cargo de poder. Perdón; sí responde, a diestra y siniestra y de una forma incoherente e irrespetuosa.

En Uruguay, recién se percataron que defender y apoyar al líder del país del norte del continente (como lo hicieron en el Mercosur), era una muy mala idea. El agujero fiscal de los últimos quince años al que se enfrentan es su mayor preocupación y seguramente canjeará sus sueños por pesadillas. Los líderes trasandinos del Pacífico, viven un caos social por la forma en que decidieron llevar testarudamente adelante, un modelo desgastado. Así, la nación que había sido la vedette de América de los últimos diez años, hoy está manchada con más y más actos de corrupción.

El líder boliviano pidió en un referéndum, la opinión de la ciudadanía sobre una nuevo período presidencial, y tras la negativa, él y su séquito se resisten e insisten en mantenerse absurdamente en el poder. La tierra maravillosa de Brasil, está destruida por figuritas de álbum, que pretendían “salir lindas en la foto”, al igual que el clan que dominó a la Argentina durante tres períodos. Las láminas se están despegando y comenzaron a velarse, mostrando de frente, una dura realidad. En Perú recuerdan innecesariamente, un autogolpe de hace veinticinco años, mientras a otro reciente ex mandatario lo persigue la justicia. En Mocoa – Colombia, lo que no destruyó el alud que mató a casi trescientas personas, lo hicieron vándalos extraños que arrasaron con lo poco que quedaba de esas casas bajo el lodo.

Incongruencias, antiética, violencia; sinónimos de un gran metabullying social que azuza diariamente a nuestro continente. ¿Es la pasión latina mal entendida? ¿Es el resentimiento de una generación que vivió la opresión de sus padres? ¿Es la famosa “viveza criolla”? ¿O es la mala transformación de la tolerancia humana?

¿Que le pasa a la gente? ¿No acepta las reglas de otros? ¿Pretende, con violencia resolver las diferencias? ¿Qué le pasa a los líderes? ¿Se les habrá olvidado velar por lo más importante: la vida humana? ¿Dónde está la conversación franca y bien intencionada de las personas? ¿En qué cajón se habrá quedado la sensatez? ¿Se habrán dado cuenta de la paupérrima educación que estamos heredando?

Un continente entero, que vive en vías de desarrollo desde hace décadas, pero que no aprende. Una América que se cree “poderosa en casa” pero que tiene los índices más altos de violencia juvenil y adulta. Un fervor popular mal interpretado convertido en fanatismo. Un circo suramericano… espectáculo de actores y actrices modernos que pelean por likes, enfatizando mezquinamente sus intereses. Una América sureña ojerosa, lánguida, contaminada, que se enferma más, cada día. Que ya no es bienvenida, que ya no es querida por sus hermanas Europa, Asia, África u Oceanía. Una lamentable comunidad latina de ciegos, sordos y mudos de aceptación, que viven enfrentados, cualquier día, cualquier hora y en cualquier lugar, sin una mísera gota de convivencia o cariño. Y lo peor…es que no veo quien descubra la cura. No siento la voluntad de la unión. No escucho a valientes que desafíen al miedo de los instaurados sistemas; al consumismo mitómano; a las instituciones fantasmas; los intereses creados; “al que dirán” o a los arcaicos dogmas políticos, económicos y religiosos establecidos.

Pero lo mejor… es que no será para siempre. Dependemos de una gran crisis. Una crisis que nos muestre como se hace para que volvamos a encontrarnos. Para que volvamos a conversar. Para volver a admirarnos. Una verdadera crisis de identidad y de vergüenza, que nos empuje al arrepentimiento, al perdón y a la compasión. Una crisis de autocrítica y de criterio, para que se desnuden las almas buenas y nos encarrilen a un futuro de consenso y armonía. No falta mucho. Apenas un poco más. Y solo… después de que nos sacuda el terremoto de la cordura, seremos capaces – como sociedad – , de sanarnos completamente.

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