LA GENERACIÓN DE LA NECESIDAD VERSUS LA GENERACIÓN DE LA COMODIDAD

La brecha es gigante, quizá ni se visualizan las fronteras entre una forma de vida y la otra. La sociedad de los años ochenta y noventa está escandalizada por esta otra moderna, que vive afiebrada de consumismo, resentimiento e irracionalidad.

Sin pretender generalizar, porque siempre existe una minoría que hace la diferencia, los niños de aquella época se desmayarían si a la invitación de jugar en el patio a uno de los chicos actuales, recibiesen como respuesta: “no, estoy en el play”. Los jóvenes de hoy, consumistas de nacimiento y sabelotodos por definición, no entenderían lo que es una conversación franca y sincera cara a cara con otro joven, el respeto a la autoridad de sus padres, al profesor, al médico o al abuelo. Los adultos otrora, harían una larga mueca de desaprobación al escuchar a los “adultos” de esta Era, reclamando y quejándose constantemente, orgullosamente autodenominados “indignados”. Los ancianos de antes, recriminarían a sus pares de ahora ¡qué hicieron con sus hijos!. En qué momento les quitaron el pie del acelerador de la educación y la disciplina cariñosa, para darle rienda suelta a la actitud libertina, impertinente y exacerbada. Los directores y periodistas de medios de comunicación anteriores, les preguntarían a los actuales: “¿dónde estudiaron ustedes?”, sorprendidos por el tinte amarillista y superfluo de lo que los contemporáneos llaman noticias. Los empresarios de aquel tiempo les darían clases magistrales a los actuales, sobre liderazgo y eficiencia, con afectividad; sin miedo de las burdas amenazas de renuncia o de las excusas baratas, de empleados rebelados sin causa.

La seducción atractiva de las “redes antisociales” y de la creencia dogmática que pretende “emparejar” hacia abajo, está terminando con la convivencia, las buenas costumbres y la aceptación humana en menos de treinta años. Infinidad de ingenuos que creen en este nuevo modelo, ni siquiera imaginan que la rueda ya está inventada. El secreto del éxito personal en todas las épocas ha sido siempre el mismo: trabajar, crecer, educarse, trabajar, mejorar, respetar, ahorrar y trabajar. Entre medio de estas acciones; disfrutar. Es la llamada “generación de la necesidad”, que aún tiene su “boca abierta” por el estupor de esta otra generación de la comodidad, que tiene una fórmula secreta distinta, quizá googleada de algún portal anónimo: descansar, quejarse, resentir, criticar, divertirse, gastar, reclamar y violentar (de mil formas).

Detrás de esta sociedad que ya no tiene socios – sino que competidores -, se incuba la “enfermedad de consumo”. Allí, se esconden carencias afectivas, económicas y sociales de adultos inconscientes que esquivan con esta adicción consumista, el fondo de su patología; y que en un interminable lamento lastimero, reflejan gravemente, las conductas indolentes y arrogantes de sus hijos. El momentáneo placer, no podrá aminorar jamás la profunda angustia que viven estas familias de zombies modernos.

Te invito a reflexionar al respecto. A no seguir tendencias politicas, ni periodísticas, ni futuristas, de un mundo de colores que – de diferentes maneras- te están vendiendo día a día. Te invito a pisar tierra firme, para que no te marees. Te invito a que tengas hambre de crecer y no sed de acomodarte. Te invito a darle un giro a tu vida; uno constructivo y amoroso, sin colgarte de lo que lees o escuchas en tendenciosos noticieros, portales o periódicos sensacionalistas.

Animate a que no te convenzan de conquistar un mundo que no existe por el solo hecho de no estar de acuerdo.

Informate y compartí con profesionales serios, con experiencia, con altura de miras y apertura de mente, que te aporten, que te ayuden a vivir tus sueños en paz y que te muestren el valor del esfuerzo. Una sociedad que se deja influenciar por esta tendencia permanente de injusticia, vivirá hundida en el resentimiento.

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