METABULLYING SOCIAL, UNA EPIDEMIA GLOBAL

El metabullying social es ese concepto que acuñé para describir esa indolencia generalizada de gente que opina sin saber, de periodistas que no investigan seriamente (afortunadamente son los menos), de locutores, twitteros, faranduleros, enredados sociales, etc. que imitan a ese chico bullie que también hace lo propio en el aula. Este último es mucho más grave, ya que la víctima es un niño o un joven en formación, en su mayoría sin el apoyo adulto, o el criterio suficiente para tratar ese acoso, y que en ocasiones, toma determinaciones drásticas, como el suicidio.

Es por ello, que comencé esta cruzada por la No Violencia, en todos los ámbitos. Esa violencia, transformada en metabullying, “le pega” literalmente a los distintos, a los innovadores, a los que no van con la corriente, a los que no siguen a líderes de papel, sino, que hacen de su vida un devenir único y libre. Pero, lamentablemente, se les ha dado “pan a quien no tiene dientes”. Los discursos populares facilistas, la parte burda y marketinera de la actual televisión y las famosas plataformas digitales, han intentado convencer a los inocentes, que cualquier cosa se puede hacer y decir a quien sea, cuando sea y como se le antoje. Los han hipnotizado de “qué somos todos iguales”, sin importar experiencia, rol, carrera, orígenes, cultura, uniforme o sentido común. Les han envalentonado a hablar, a gritar, a remover, a no callar, pero sin detallar los límites entre el respeto y la soberbia.

Hay países en la región que desbordado por esta epidemia global, han decidido instaurar una ley de comunicación para frenar el abuso del que – contaminado seguramente por resentimientos arcaicos y mordazas dictatoriales de décadas pasadas – escribe o vocifera a diestra y siniestra. Ha sido hasta ahora la mejor forma de educar a “esos que dicen no tener pelos en la lengua” pero que ensucian, enlodan, perjudican la vida de cualquiera, solo por ostentar su “poder”. ¡Qué lástima!, que solo una ley detenga el abuso. La empresa Twitter Inc, en una gran iniciativa, está estudiando incorporar la eliminación de las cuentas de los que ladran sin sentido, para preservar la integridad de la gran mayoría de sus usuarios. Sería muy interesante que todos los medios de comunicación imitaran la medida. Entonces, no sería necesaria una ley para cuidar a los que “hacen”, por culpa de esos opinólogos de pacotilla. Debatir es enriquecedor, denostar es cobardía.

En mi nuevo libro, digo que todo podría ser distinto si también consideráramos pedir disculpas cada vez que nos equivocásemos, tal como se nos ha enseñado desde pequeños. Lo único que repara una falta, es un pedido sincero de disculpas y el compromiso de no volver a realizar el perjuicio. Entre los ciudadanos de este país, hay padres y madres que lo hacen, hay hijos que lo hacen, hay docentes y estudiantes que lo hacen, hay empresarios y empleados que lo hacen, incluso Ministros y personalidades de Gobierno (pocos para mi gusto), que lo hacen. Pero hay un segmento muy importante de los actores de la sociedad, al que le cuesta pedir disculpas públicas. Con una arrogancia mal entendida, no pueden o quizá no les permiten, reconocer sus errores u ofrecer las disculpas al perjudicado. Son los que tienen la pluma y la lengua afilada, pero en dirección “a su blanco” sin importar consecuencias o certificar sus “certezas”, y se mantienen inmutables al entierro de la hermosa conexión humana. Esa, que sucede cuando dos personas son capaces de conversar y acordar nuevas formas de relación futura, privilegiando la armonía por sobre el desdén. Alguien les dijo a esos individuos, que “eso es lo que vende”, y entonces se prostituyeron rápidamente, deshonrando su profesión informativa.

Qué importará tener la razón?, ¿a quién le interesará vivir enojado o disgustado con el otro?, ¿de qué sirve el resentimiento eterno? Por el contrario, cuando las condiciones están dadas en una comunidad que hace honor al concepto de unión – común, todo es más fácil, es más agradable, es mucho más disfrutable. Disculparse y mejorar debiese ser el slogan de una sociedad sana. Entre todos, nos podemos ayudar y vivir en paz. El metabullying social está metiendo la cola hace rato en esta tierra y la está volviendo oscura, ácida, perversa, indolente. Pero la gran noticia, es que somos muchos más los que queremos construir, que aquellos que quieren destruir. Los invito a conversar al respecto.

Ps. Un gran ejemplo de pluralismo y seriedad periodística, es el semanario francés Courier International, (http://www.courrierinternational.com), que entrega el mismo espacio y la misma cobertura, respetando literalmente cada punto de vista, a las miradas políticas de derecha, de izquierda y de centro, de las naciones a las que refiere en sus publicaciones, siendo totalmente neutral en su forma de informar y permitiendo – como debe ser – que sea el lector quien decida.

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