No hay Reflexión sin Escucha

escucha3editada1

Escuchar es desde hoy para mí, la suma del oír (como función biológica) + percibir (el entorno, mi emocionalidad y la del otro, la corporalidad subyacente de ambos) y por último lo más relevante: la interpretación de esa Escucha. Allí radica nuestra alma. En la interpretación que hago de lo que escucho, afirmo o transformo mis principios, valores, cánones y códigos morales y éticos que traigo hasta el mismísimo momento de esa intervención.
En estos días de reflexión, junto a la montaña del Lodge de San Francisco de Los Andes, no pude resistirme a la tentación de encontrarme con la lectura y en ella me descubrí una gran ceguera. Cada vez que leo a un autor, lo estoy escuchando aunque él no realiza la acción del hablar, es decir esta interacción lector – autor se da en un espacio de lenguaje en donde no interviene el habla, sin embargo lo interpreto más allá de lo que probablemente me quiere decir (esta es la llamada brecha lingüística), interpreto su forma de ser, de pensar, su estructura de personalidad, su carácter, su intelectualidad, formalidad o informalidad, cuidado y precisión por la excelencia y los detalles, en definitiva: comulgo o no con él, a través de su prosa. Y si esto lo estoy haciendo con un escritor que ni siquiera tengo enfrente (por lo tanto no veo su cuerpo ni su emocionalidad, entre otros aspectos); y aquí va mi potente aprendizaje, ¿qué pasará con las personas con las que me rodeo?, ¿cuál será el destino de esas interacciones, al formarme de ellos juicios inmediatos al escucharlos?, ¿cuál será su escucha al yo hablar?, ¿en qué nuevos espacios nos encontraremos y consensuaremos, si ya nos formamos desde nuestras interpretaciones, lapidarias formas de pensar el uno del otro? , y por último, desde mi punto de vista la más potente: ¿quiénes han sido los seres humanos que han pasado por mi vida que han hecho que hoy yo sea lo que soy?, ¿a quiénes les “tomé prestado” un pedacito de su alma? Este misterio me lleva al asombro y al mismo tiempo a la ternura ya que pasan por mi mente infinidad de personas de las que estoy profundamente agradecido; a algunos de ellos alcancé a decírselos antes de su muerte. De este modo me doy permiso a pensar libremente y reflexionar sobre mi escucha y por sobre todo de mi habla y me hago preguntas sobre las preguntas que ya me había hecho y de las que estaba conforme y “estático” con mis respuestas. Descubro que en la mayoría de los casos, cada vez que hablo (proposiciones) lo que estoy haciendo allí es manifestar mis verdades, mostrar mi carácter, me estoy “vendiendo” al otro, me estoy enseñando de tal forma con un gran objetivo: ser aceptado. Y también descubro que cuando realizo el acto de preguntar en mayor medida que el del hablar (indagaciones), puedo ampliar enormemente mi capacidad de escucha y brindarle de paso, respeto y un genuino interés al otro, y no sólo eso, lo que escucho puede tener la capacidad de “transformarme” o dicho de otra forma, podré adoptar a ese Ser como un nuevo interventor en mi larga lista de “inspiradores del alma”. Estoy redefiniendo desde aquí mi trabajo, mi escritura, mi forma de escuchar y mi forma de hablar, estoy perdiendo miedo, he descubierto un mundo nuevo y parafraseando a Sócrates, puedo sostener que “a partir de este mágico momento me doy cuenta que cada vez, cuanto más aprendo, más ignorante soy”. Este nuevo apetito de aprendizaje cargado de generosidad, se me abre hoy y me inspira a una desafiante auto-declaración: será permanente hasta el día de mi muerte.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *